Según las últimas conclusiones de la arqueología del sur de nuestra ciudad, las teorías de los antropólogos más beodos y los sociólogos más conspicuos, el origen de la historia de el hijo del cuervo parece ya muy remota. Tan lejana que nos referimos a un periodo en el que los años ochenta aún pronosticaban un futuro extraño: ni imaginar la caída del muro de Berlín, ni que las regencias terminarían y que las profecías de The Buggles en su “Video killed the radio star” sólo quedarían en una amenaza musical. Peinados estrafalarios que anunciaban la explosiva moda de Robert Smith; modas que nos recuerdan “que las chicas sólo querían divertirse” o las melodías de unos Stones que ¡ya parecían viejos! –y mucho menos imaginábamos que eran inmortales. Y, como dato curioso, en un pequeño lugar de la plaza conocida como La Conchita, Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe creaban un espacio que se alimentaba de la sombra de los cuervos.

Fue durante el año de 1983 que “El cuervo” pasa a las creativas e inagotables manos de una pareja que trazaría lo que se constituyó – y es hasta el día de hoy- el hijo del cuervo: Carmen Boullosa y Alejandro Aura. De manera inmediata la creatividad y, sobre todo, la osadía, se convirtieron en los ejes que permitieron el crecimiento del concepto cultu-bar que nos define en lo cotidiano.

Así, en diciembre del año 1986 el hijo del cuervo abrió sus puertas a la música y la diversión en el Jardín Centenario 17. Los arqueólogos y sociólogos aún discuten si este pequeño hecho transformaría el corazón de Coyoacán (parece que hasta un cardiólogo ha participado de la controversia). Fernando Toussaint, Gerardo Bátiz y Tania Libertad engalanaron la magia de una noche que nos sigue envolviendo con sus promesas.

En nuestro cultu-bar, se han presentado artistas como Tania Libertad, Andrés Bustamante, Betsy Pecanins, Eugenia León, Cecilia Toussaint, Mario Iván Martínez,  Julieta Venegas, Café Tacuba, Bengala por mencionar algunos de los más afamados.

Otras actividades que hemos realizado con especial interés han sido las lecturas de escritores, las presentaciones de libros y revistas, y las conferencias sobre temas políticos de importancia nacional. Entre las personalidades que han participado con nosotros podríamos mencionar a Alvaro Mutis, Germán Dehesa, Federico Reyes Heróles, Julio Faesler, Héctor Aguilar Camín, Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Castillo Peraza, Enrique Calderón Alzati, Manú Dombierer, José Antonio Masolivier Ródenas, Gilberto Rincón Gallardo, Sara Sefchovich, José Antonio González Fernández, Emmanuel Carballo, Carlos Martínez Assad, Francisco Cano Escalante, Christopher Domínguez, Ricardo Raphael, Eduardo Hurtado, Hernán Lara Zavala, Mariclaire Acosta, Francisco Goldman, Ricardo Yañez, C.D. Wright, Cristina Fernández Cubás, Forrest Gander, Nedda G. de Anhaldt, Alejandro Encinas, Sergio Ramírez, Daniel Cazés, María Victoria Llamas, Alejandro Ordorika, Gonzalo Celorio, José Antonio Alcaraz, Ignacio Solares, Jaime Avilés, Marta Lamas, Jordi Soler, Eduardo Espina, Sergio Aguayo, José Homero, René Bejarano, Margo Glantz, Luisa Valenzuela, Froylán López Narváez, Silvia Gómez Tagle, Alejandro Díaz Pérez Duarte, Ana Lilia Zepeda, Chepina Peralta, Cecilia Soto y un largo etcétera. Pero no podemos dejar de mencionar nuestro Club Nacional de Lectura Las Aureolas que, próximamente cumplirá su mayoría de edad, en el participan Arturo Beristain, Carlos Carranza, Hernán Bravo, Pedro Pablo Martínez, Héctor Iván González y, nuestro querido Jorge F. Hernández como amigo incondicional. Vaya nuestro homenaje e infinito agradecimiento a quienes han colaborado en la conformación de este espacio que es nuestro. Que es de todos.

Actualmente no cesamos en nuestro intento por compartir el foro a expresiones artísticas que sean originales e impliquen una apuesta hacia el futuro. Gracias a ello, seguimos siendo una opción para disfrutar del rock, jazz, blues, folk, etc. Un punto de coincidencia entre la literatura, la diversión y la inteligencia. Un espacio donde nuestras paredes se llegan a convertir en una galería que ilumina la cotidianidad. El hijo del cuervo es, y seguirá siendo, un espacio para la conversación, la cultura y la diversión.

¡Te esperamos!